Día 16: El Padre que entrega, el Hijo que carga
- Pastor De Amor

- 26 ene
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Cita bíblica:
Isaías 53:6
Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.
Génesis 22:6
Y tomó Abraham la leña del holocausto, y la puso sobre Isaac su hijo, y él tomó en su mano el fuego y el cuchillo; y fueron ambos juntos.
Para meditar:
En Génesis 22 encontramos al menos dos figuras claras de Cristo (la segunda la abordaremos en otro devocional).
En esta ocasión, quiero centrarme en la relación Padre–Hijo que se revela de manera profética en este pasaje.
Siglos antes de la crucifixión, Abraham —figura del Padre— sube en obediencia al monte Moriah. El versículo seis nos dice que “tomó Abraham la leña del holocausto y la puso sobre Isaac su hijo”. Isaac, figura del Hijo, camina hacia el lugar del sacrificio cargando sobre sus hombros aquello que sería usado para su muerte.
La palabra traducida como holocausto en Génesis 22 es ‘Olah’, que significa ofrenda quemada, pero también puede traducirse como maldad o injusticia.
De manera profética, Abraham coloca sobre su hijo amado la carga del sacrificio. De la misma forma, el Padre celestial puso sobre Cristo el peso de nuestra maldad. Así como Isaac subió al monte con la leña, Jesús subió al Gólgota cargando el madero de la cruz y llevando sobre sí el pecado del mundo, conforme a la voluntad del Padre.
Aunque nosotros andábamos descarriados en nuestros pecados, Cristo murió por nosotros para manifestar el amor perfecto de Dios (Romanos 5:8). Abraham no rehusó a su hijo, aun cuando lo amaba profundamente; del mismo modo, el Padre no rehusó entregar a su Hijo, cargando sobre Él toda la ira que nuestro pecado merecía.
¡Qué amor tan glorioso y tan inmerecido! ¡Gloria a Dios por el Cordero que cargó nuestra culpa!
Preguntas para reflexionar:
¿Estás consicente del amor tan grande que sienten el Padre y Cristo por ti?
¿Hay áreas de tu vida donde aún cargas pesos que deberías entregar a Cristo?
Orar por:
Agradecer a Dios por el amor del Padre al entregar a su Hijo por nuestra salvación.
Pedir un corazón sensible para vivir en obediencia y gratitud ante el sacrificio de Cristo.
Orar para descansar plenamente en la obra consumada de la cruz y no vivir bajo culpa o condenación.
Alabanza: "No hay condenación"



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